En 2012, la realidad es muy
distinta a la de 1938. Sin embargo, los mexicanos nos enfrentamos a la misma
pregunta: ¿Cuál es la mejor manera de aprovechar nuestros recursos naturales
para el beneficio de los mexicanos?
Algunos piensan que la
solución sería privatizar la industria petrolera, regresando a la situación que
existía antes de 1938. Otros creen que no hay nada que cambiar, aunque el mundo
y las necesidades de hoy sean muy distintas a las de hace siete décadas.
No comparto estas
posiciones. Estoy convencido de que, para asegurar que la industria petrolera
continúe siendo una palanca del desarrollo nacional y México se transforme en
una potencia energética, es necesario tomar medidas audaces y despojarnos de
ataduras ideológicas. Por ello, he planteado la conveniencia de realizar una
reforma energética pragmática que, sin renunciar a la propiedad pública de los
hidrocarburos ni a la rectoría y conducción del Estado en la materia, permita a
PEMEX beneficiarse de mayores asociaciones con el sector privado.
En particular, me parece
fundamental incrementar significativamente los niveles de inversión en
exploración y explotación, conforme al potencial petrolero del país, así como
en refinación y petroquímica. En este sentido, será necesario realizar las
reformas legales correspondientes y analizar esquemas como los contratos de
producción compartida o de riesgo, así como las asociaciones público-privadas,
las cuales permitirían aprovechar el capital y la tecnología de terceros y
crear un entorno de competencia en el sector.
Es importante enfatizar que
la reforma energética debe ir de la mano de una reforma hacendaria integral que
reduzca nuestra alta dependencia frente a los ingresos petroleros y dote al
Estado de un flujo de recursos estable y sostenible para cumplir con sus
obligaciones básicas, como garantizar el acceso real a la atención de la salud
y a la educación de calidad para todos los mexicanos, invertir en
infraestructura moderna que impulse la competitividad del país y generar las
condiciones para la creación de empleos dignos.
La reforma hacendaria
permitiría además que, en el mediano plazo, Pemex pudiera invertir parte de la
renta petrolera en el desarrollo de nuestro enorme potencial en energías
renovables, misión ineludible de nuestro tiempo frente a las amenazas del
calentamiento global. De esta manera, el propio petróleo contribuiría a
financiar un nuevo modelo energético sustentable, capaz de abastecer con
insumos “limpios”, y a precios competitivos, a la industria, los servicios, el
transporte y los hogares mexicanos.
A más de setenta años de
distancia de la expropiación petrolera, las circunstancias han cambiado pero el
objetivo sigue siendo el mismo: aprovechar el petróleo para mejorar la calidad
de vida de los mexicanos de acuerdo a las necesidades de nuestro tiempo.
Decidamos de manera seria, responsable y visionaria la mejor forma de hacerlo,
como lo hizo en su tiempo y circunstancia el General Lázaro Cárdenas.
Fte: Enrique Peña Nieto






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